Durante siglos, la perfumería dependió directamente de la naturaleza para algunas de sus materias primas más valiosas. Flores, raíces, resinas, maderas, hojas y semillas formaron algunas de las firmas más importantes de la historia de las fragancias. El problema es que lujo, escasez y demanda creciente no siempre forman una combinación sostenible.
Ahora, una nueva frontera tecnológica empieza a ganar espacio en este debate. Inteligencia artificial, análisis molecular, cultivo de células vegetales y sistemas capaces de predecir cómo huelen las moléculas están siendo utilizados para intentar producir aromas y compuestos raros sin retirar continuamente material de la naturaleza.
Una investigación publicada por The Guardian el 6 de octubre mostró cómo compañías como Osmo y BioHarvest Sciences abordan el problema desde direcciones distintas.
La idea parece casi futurista: comprender un aroma a nivel molecular, reconstruirlo en laboratorio o producir los propios compuestos de una planta a partir de sus células, de manera que cada nuevo ciclo productivo no dependa de cultivar o cosechar la especie original.
La tecnología es prometedora. Pero existe una diferencia fundamental entre reproducir el olor de una planta y salvar la planta que produce ese olor.
Cuando el olor empieza a convertirse en datos
Osmo surgió de investigaciones realizadas en Google Brain sobre inteligencia artificial aplicada al olfato. Su objetivo es ambicioso: enseñar a los ordenadores a relacionar la estructura química de una molécula con lo que los humanos perciben como olor.
El color puede organizarse mediante sistemas matemáticos y el sonido puede describirse por frecuencias, pero el olfato es mucho más complejo.
Pequeños cambios en la estructura de una molécula pueden producir grandes diferencias en la percepción, mientras la respuesta humana implica cientos de tipos distintos de receptores olfativos.
Investigadores vinculados a Osmo desarrollaron lo que llaman Principal Odor Map, un modelo de inteligencia artificial que organiza moléculas dentro de un espacio multidimensional e intenta predecir sus características olfativas.
La tecnología nació del esfuerzo por convertir olor en información computable y, desde ahí, reducir el universo químico que investigadores y perfumistas necesitan explorar experimentalmente.
Esto no elimina al perfumista. Al contrario. Evaluación sensorial, dirección creativa y construcción artística siguen siendo humanas.
El cambio consiste en utilizar máquinas como herramientas para identificar patrones y candidatos que sería extremadamente difícil investigar uno por uno.
¿Puede “digitalizarse” un aroma?
Osmo también trabaja en un concepto llamado Scent Teleportation. El nombre suena a ciencia ficción, pero el principio es relativamente claro: capturar un aroma, separar y analizar sus componentes volátiles, transformar esos datos en una representación computacional e intentar después reconstruir físicamente la experiencia olfativa.
Una técnica implicada en el proceso es la cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas, conocida como GC-MS.
Ayuda a separar e identificar compuestos presentes en una muestra aromática. Los modelos computacionales pueden después ayudar a interpretar los resultados y formular una reconstrucción.
Osmo ya demostró el concepto en laboratorio con materiales reales. La compañía describió un experimento con coco como uno de sus primeros ejemplos de captura, análisis y reconstrucción de un olor.
El reportaje de The Guardian también señala que la empresa trabajó con una pequeña muestra de corteza de un árbol raro para estudiar y reproducir su perfil aromático.
BioHarvest toma otra ruta
BioHarvest Sciences aborda el problema desde otro ángulo. En lugar de reconstruir un olor a partir de moléculas disponibles, la compañía utiliza una plataforma de Botanical Synthesis centrada en cultivar células vegetales en ambientes controlados.
En marzo de 2026, BioHarvest anunció que había creado un cultivo celular estable a partir de una planta rara y amenazada utilizada por la industria de fragancias.
La identidad de la especie no fue divulgada porque el proyecto está protegido por un acuerdo de confidencialidad.
Este detalle debe tratarse con cuidado: no existe suficiente evidencia pública para afirmar que la planta sea Aquilaria o que el material sea específicamente oud.
Lo que la compañía ha declarado es que se trata de una materia prima de valor muy alto, derivada de una planta amenazada y relevante para la perfumería de lujo.
Los cultivos celulares contenían compuestos como sesquiterpenos y cromonas, clases moleculares asociadas con profundidad, persistencia y complejidad en distintos materiales aromáticos.
La propuesta consiste en seleccionar células capaces de producir los compuestos deseados y multiplicarlas bajo condiciones controladas sin tener que cultivar la planta completa en cada ciclo productivo.
Del laboratorio hacia una posible cadena industrial
La historia de BioHarvest merece atención porque avanzó rápidamente durante 2026.
En mayo, la compañía firmó un contrato de US$1,2 millones para avanzar a la segunda fase de desarrollo y producir suficiente material para pruebas comerciales.
En agosto llegó una señal todavía más significativa: la empresa anunció un acuerdo de fabricación y suministro que prevé capacidad de hasta 20 toneladas métricas de material durante 2027 y 2028.
Según la compañía, si se cumplen objetivos técnicos y comerciales, el acuerdo podría representar entre US$20 millones y US$30 millones en ingresos.
Esto no significa que la tecnología ya esté sustituyendo materias primas naturales en el mercado global.
Significa algo más preciso: el concepto está dejando la demostración científica y avanzando hacia un intento real de producción a escala industrial.
Por qué el oud aparece tan a menudo en esta discusión
Aunque BioHarvest no ha divulgado qué planta utiliza, cualquier conversación sobre materias primas amenazadas de perfumería conduce inevitablemente al agarwood, conocido en perfumería como oud.
El agarwood es una madera resinosa intensamente aromática formada principalmente por árboles de los géneros Aquilaria y Gyrinops.
La resina se desarrolla como respuesta a heridas, infección y otras formas de estrés y puede generar una materia prima de enorme valor cultural, religioso y comercial.
La presión histórica sobre poblaciones silvestres llevó a Aquilaria y Gyrinops a ser incluidas en el Apéndice II de CITES, que regula el comercio internacional de especies amenazadas.
También existe un factor que vuelve la cadena especialmente compleja: no todos los árboles producen agarwood de alta calidad.
En poblaciones silvestres, la madera resinosa valiosa puede aparecer solo en una parte limitada de los árboles, lo que históricamente incentivó prácticas de tala y búsqueda con gran impacto ambiental.
¿Puede la tecnología sustituir el oud natural?
La respuesta exige separar dos ideas.
Una cosa es reproducir determinados aspectos olfativos. Otra muy distinta es sustituir por completo una materia prima natural.
Un ingrediente natural puede contener decenas o cientos de compuestos en proporciones influenciadas por especie, suelo, clima, edad, estrés, fermentación, método de extracción y almacenamiento.
Aunque la tecnología identifique moléculas centrales de una firma, reproducir toda la complejidad sensorial de un material natural sigue siendo difícil.
Además, la perfumería no es solo química. Origen, terroir, historia, método productivo e identidad cultural también influyen en el valor de determinadas materias primas.
Una reconstrucción tecnológica puede reproducir parte de la experiencia olfativa sin reproducir todo lo que el material representa.
Algo parecido ya ocurre con otros ingredientes. Las moléculas sintéticas no eliminaron la rosa natural de la perfumería y la vainillina no volvió irrelevante a la vainilla natural.
El mayor riesgo es convertir la tecnología en excusa
Los especialistas entrevistados por The Guardian enfatizan un punto esencial: producir una alternativa de laboratorio no conserva automáticamente un bosque.
Si la demanda por el producto natural continúa alta, las poblaciones silvestres pueden seguir bajo presión aunque exista una alternativa tecnológica.
La conservación depende de fiscalización, gestión sostenible, trazabilidad, cultivo responsable, restauración de hábitats e incentivos económicos adecuados para las comunidades implicadas.
La inteligencia artificial no sustituye ninguna de estas medidas.
También existe un riesgo de comunicación. Palabras como “sostenible”, “natural” y “salvar especies” pueden usarse de forma mucho más amplia de lo que justifican los datos disponibles.
El impacto puede ir mucho más allá de especies amenazadas
Si estas tecnologías funcionan a escala, su efecto potencial no se limita a ingredientes en riesgo de extinción.
La industria podría utilizarlas para materias primas afectadas por fuerte variación de cosechas, disponibilidad geográfica limitada, precios volátiles o dificultades de producción.
Una materia prima repetidamente afectada por sequía, enfermedades agrícolas o cambio climático podría, en algunos casos, ganar una segunda vía de suministro.
Para las marcas y casas de fragancias, esto podría significar mayor previsibilidad. Para los perfumistas, acceso más consistente a ciertos perfiles aromáticos.
Pero el cambio también plantea una cuestión económica delicada: cómo evitar que la innovación tecnológica retire valor de comunidades que históricamente cultivaron, cosecharon o procesaron estas materias primas.
La IA también puede acelerar el descubrimiento de nuevas moléculas
La inteligencia artificial va más allá de reproducir materiales naturales.
Los modelos computacionales pueden utilizarse para explorar moléculas que todavía no han sido sintetizadas y predecir características olfativas antes de que cada candidato sea producido físicamente.
Esto podría acortar una de las etapas más lentas del desarrollo de ingredientes.
En lugar de sintetizar miles de posibilidades sin ninguna indicación previa, los investigadores pueden utilizar modelos para priorizar estructuras con mayor probabilidad de ofrecer un perfil deseado.
La máquina no decide qué es bello, elegante o emocionalmente atractivo. Reduce el espacio de búsqueda.
Científicos y perfumistas siguen siendo responsables de decidir qué merece realmente ser desarrollado.
La nariz humana permanece en el centro
Toda esta tecnología crea una ironía interesante: cuanto más sofisticados se vuelven los sistemas para estudiar olor, más claro se vuelve el valor de la percepción humana.
Una máquina puede analizar moléculas, reconocer patrones y sugerir estructuras. Pero el perfume no se juzga solo por precisión química.
Necesita crear contraste, memoria, evolución sobre la piel y una experiencia estética coherente.
La transformación más probable, por tanto, no es una perfumería hecha por ordenadores sin perfumistas.
Es una perfumería en la que los perfumistas disponen de herramientas científicas mucho más potentes.
La próxima revolución puede ocurrir antes del frasco
Cuando pensamos en innovación en perfumería, solemos imaginar un nuevo ingrediente, un frasco diferente o una fragancia construida alrededor de una nota inesperada.
Sin embargo, algunos de los mayores cambios ocurren mucho antes de que el consumidor encuentre un perfume en una tienda.
La capacidad de cultivar células de una planta rara sin cultivar la planta completa, modelos capaces de predecir olor a partir de estructura química y sistemas que transforman aromas en datos podrían cambiar lo que los perfumistas tienen disponible para crear durante las próximas décadas.
Siguen existiendo preguntas importantes sobre coste, fidelidad olfativa, regulación, aceptación del consumidor e impacto ambiental real.
También será necesario comprobar si los materiales derivados de biotecnología pueden alcanzar escala sin generar otros costes ambientales significativos.
Sería prematuro anunciar que la inteligencia artificial ha “salvado” alguna especie. Pero ignorar lo que ocurre sería igualmente equivocado.
La perfumería entra en una fase en la que naturaleza, biología y computación empiezan a encontrarse dentro de una misma cadena creativa.
Quizá una parte importante del futuro de las fragancias no consista simplemente en descubrir nuevas plantas para cosechar, sino en aprender a comprender con mucha mayor precisión qué hace que cada una huela como huele.
Fuentes
The Guardian — Making scents: could AI help perfumers take pressure off endangered plants?
Osmo — How we invented scent teleportation
BioHarvest Sciences — stable cell culture development for a rare fragrance-producing plant
BioHarvest Sciences — 20-ton manufacturing and supply agreement
CITES — medicinal and aromatic plants / agarwood-producing taxa


